sábado, 28 de febrero de 2015

ESTRENO DEL CORTOMETRAJE "NORMA"



Los antecedentes de esta historia en el blog:

ANTIGUAS FONDAS, BARES DE CARRETERA Y HOSTALES EN LA N-III

 CORTOMETRAJE "NORMA"


Escrito por Route 1963.

El pasado 18 de febrero tuvo lugar en la Academia de las Artes y las Ciencias cinematográficas de Madrid el estreno del cortometraje Norma, dirigido por el joven cineasta malagueño David Rodríguez Aguilera. Culminaba así brillantemente este ambicioso proyecto cinematográfico que había echado a andar casi dos años antes, y del que tuve noticia el 31 de marzo de 2014, cuando recibí un correo electrónico del propio David Rodríguez en el que solicitaba mi ayuda para la localización de uno de los exteriores más complejos del corto en el entorno de la N-III. Ignoro cuáles fueron sus criterios de búsqueda, pero lo cierto es que navegando por internet llegó a este modesto blog y me hizo la insólita propuesta de hallar un hostal o fonda de carretera característico de los años 70 en donde ambientar una parte de la historia que estaban rodando.

Todos los pormenores de esa búsqueda y su satisfactorio desenlace ya han sido referidos en el blog, de modo que es llegado el momento de hablar en exclusiva del cortometraje, a cuyo estreno asistí por amable invitación de su director, lo que aprovecho para agradecerle públicamente desde este espacio. Igualmente debo de agradecerle el hecho de que me citase en los créditos finales de la película, y nada menos que por partida triple, tanto con mi nombre real, como con mi nick en internet y con el logo de Route1963 que representa todos mis sitios web. Y por último también creo que debo disculparme por no haberme acercado a saludarle al final del estreno, pues aunque no nos conocemos personalmente, sí me hubiera gustado cambiar algunas breves impresiones con él, pero la gran afluencia de personas que demandaban su presencia y protagonismo en el acto me hicieron desistir de este acercamiento.  

Visto lo cual, entraremos en materia. Y vaya por delante que no soy crítico de cine, tampoco un gran cinéfilo, y ni siquiera un aficionado común al uso. De hecho, hacía varios años que no me sentaba en la butaca de una sala de proyecciones, por increíble que pueda llegar a parecer esto. Por lo tanto, no voy a hacer aquí una crítica de cine, o al menos no lo pretendo, ya que no estoy en absoluto cualificado para ello. Sin embargo, sí es mi intención exponer algunas reflexiones e impresiones personales -y por lo tanto me temo que poco objetivas-, acerca de este cortometraje.

Un cortometraje que, por su duración cercana a los 45 minutos y por el ambicioso planteamiento del guión y de sus intenciones artísticas podría considerarse más propiamente como un mediometraje. Ambientada en la España de finales de los setenta del pasado siglo, Norma es, o pretende ser, una historia de perdedores. O, para ser más precisos, de perdedora, pues tal es el caso de su protagonista, Silvia/Norma, personaje magistralmente interpretado por la actriz Rosa Vivas, que da vida a una brillante estrella de cine de los años cincuenta venida a menos y que, huyendo de su propio fracaso y decadencia y buscando acaso la redención del anonimato y el olvido definitivos, termina azarosamente de camarera en un sórdido hostal de carretera en mitad de la nada. Y curioso resulta que este establecimiento -el hostal San Bartolomé de La Almarcha- adquiera un protagonismo esencial en la película y se revele como un icono imprescindible de la misma, pues no sólo ha sido elegido como imagen promocional y portada emblemática del cortometraje, sino que en varios de los planos largos, rodados bajo diferentes condiciones de luz, su austera silueta ofrece un aliciente estético indudable que corrobora tanto la desolación del lugar como la propia desolación de los personajes principales. 




Y es que, por encima de cualquier otra consideración, Norma es un delicado y elegante ejercicio de estilismo cinematográfico, al tiempo que un brillante homenaje al cine mismo y a todas sus mitologías clásicas intemporales. Se trataría, por así decirlo, de una suerte de metacine, esto es, cine dentro del cine, o el cine por el cine como propósito único de autorreferencia. Por esta razón, la historia narrada en este cortometraje -que resulta ser un trasunto de un episodio real en la biografía de la actriz Verónica Lake- se nos ofrece dibujada con trazos generales e imprecisos, escasa de matices esclarecedores, apenas sugerida o insinuada al espectador, del que se demanda un cierto y complicado esfuerzo imaginativo para comprender el relato en toda su dimensión. Personalmente he de confesar que sólo he sido capaz de descifrar algunos de los elementos esenciales de este relato luego de ver el making-off, lo que equivale a admitir que me han tenido que contar la película después para poder comprenderla.

En este sentido, bajo mi punto de vista, el discurso dramático y estético de Norma brilla con luz propia al tiempo que el discurso narrativo y argumental, puesto al servicio de aquél, permanece opaco y limitado en su recorrido. La historia nunca deja de sernos sugerida o insinuada, veladamente, con cierta abstracción, como en un sueño, sin que se nos ofrezcan elementos lo bastante esclarecedores y realistas como para desentrañarla por completo. Los escasos diálogos, secos, breves y lacónicos, tampoco nos abren las puertas del alma de los personajes ni nos adentran en las motivaciones de sus conductas. Pero mientras vamos quedando a la espera de un giro inesperado y efectista que nos oriente en la historia -aunque tal vez no debamos esperarlo-, podemos recrearnos con una sublime fotografía -tal vez lo mejor del cortometraje-, un excelente sonido y una magnífica banda sonora, una extraordinaria interpretación dramática de los actores y una muy lograda ambientación de época que, sin embargo, adolece de ciertas concesiones a la verosimilitud ligeramente discutibles que no empañan en absoluto el muy meritorio resultado final.




Como he dicho al principio, llevaba varios años sin sentarme en la butaca de un cine. En un pasado más o menos cercano, cuando sí que era asiduo a las salas de proyecciones y llegué a ver todo tipo de películas de todos los géneros cinematográficos (e incluso asistí a algunos rodajes de filmes y series españolas), casi siempre me quedé con las ganas de que me mostrasen una buena historia, o al menos una historia interesante y original, y rara vez me la mostraron (si alguna película lo hizo, fui capaz luego de ir a verla tres o cuatro veces más). Pero aún peor, por lo general me mostraron historias tan malas y anodinas que consiguieron contrariarme lo bastante como para llegar a disuadirme de volver a perder dos horas de mi vida frente a una gran pantalla. 

Esta vez, después de asistir al estreno del cortometraje Norma, mis expectativas tampoco han sido completamente satisfechas, pero al menos no han sido absolutamente defraudadas: la película es bella, sugerente y evocadora.



 




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