Mostrando entradas con la etiqueta Contreras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Contreras. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de mayo de 2016

LA VARIANTE INACABADA DE CONTRERAS


Un artículo de J. Pozuelo

Quienes sean seguidores de este blog probablemente conozcan, en mayor o menor medida, la historia de la N-III a su paso por Contreras y el río Cabriel.

El puerto de Contreras (o «cuestas de Contreras») es un puerto invertido que se construyó en el año 1850 para salvar la hoz del río Cabriel, frontera natural entre las provincias de Cuenca y Valencia. Fue proyectado y construido por el ingeniero de caminos Lucio del Valle, y se encuentra entre la población conquense de Minglanilla y la valenciana de Villargordo del Cabriel. Este es el aspecto de las cuestas:


Desde su construcción, y debido a la orografía del terreno, fue el paso más complicado en la ruta de Madrid a Valencia, sobre todo con la llegada del automóvil, debido a la gran cantidad de curvas que conforman el puerto (muchas de ellas, cerradas y de 180 grados), la peligrosidad inherente a un trazado de ese tipo, y la baja velocidad promedio y gran tiempo invertidos en cubrir la ruta. Por ello, resultaba atractiva la idea de una variante más segura que evitara el paso por esas cuestas.

Por ello, se planificó en los años 60 una variante que habría de pasar por la coronación de la presa de Contreras, que en esos años se estaba construyendo ya en la zona, lo que supuso una gran mejora en la seguridad del tráfico y una considerable reducción de tiempo en cubrir la distancia entre Minglanilla y Villargordo del Cabriel. La variante se inauguró en 1969, y así queda la zona a partir de ese año:


Sin embargo, quizá no resulte tan conocida la historia de la variante que se pretendió construir antes que la que podemos ver actualmente. En efecto, antes de que se planificara y construyera el trazado actual de la N-III, se planificó otra variante diferente, la cual se habría empezado a llevar a cabo en los años 40, pero que no pudo completarse debido a que se previó la construcción de la citada presa de Contreras a principios de los 50, que iba a anegar los terrenos donde se iba a levantar la variante. Por ello se tuvo que desistir en el empeño y dejar abandonado lo poco que se había hecho hasta el momento.

Esta variante habría quedado unos kilómetros más al norte que la actual. En la siguiente imagen se muestra la ubicación aproximada de la misma:


Hace algún tiempo descubrimos un artículo en el número 2860 de la Revista de Obras Públicas de agosto de 1953, titulado «El pantano de Contreras y la variante de la carretera de Madrid a Valencia». En él vimos por primera vez una mención a está inacabada variante, la cual, según dicho artículo, ya se había comenzado a construir pero posteriormente se había paralizado debido a que la Confederación Hidrográfica del Júcar ya había proyectado la presa de Contreras, la cual inundaría la zona por la que discurriría dicho trazado.


El artículo hace mención a un folleto escrito por la Unión Sindical de Usuarios del Júcar que pretendía que la presa de Contreras no se llevara a cabo alegando, entre diversos motivos no citados, la inundación de dicha variante de la nacional que estaba en construcción. Esta alegación se tilda en el artículo de «pueril» y «poco meditada», pues ya se había previsto hace años que la nueva variante de Contreras discurriera por encima de la presa, lo cual implicaría además una reducción de la longitud del trazado con respecto a la obra paralizada de aproximadamente 1 km según los datos que figuran en el texto.


Se advierte una posible errata en la segunda imagen, donde se afirma que la reducción de la longitud entre las cuestas y la variante inacabada sería de 4884 m, cuando al hacer la resta según los datos expuestos, queda:
17073 – 11189 = 5884 m

En el mismo artículo se adjunta un pequeño mapa con los tres trazados de la nacional mencionados: el puerto primitivo (resaltado en amarillo), la variante original (resaltada en verde) y la variante nueva coronando la presa (resaltada en rojo), cuyo trazado habría sufrido cambios con respecto a cómo quedó en 1969.


En los mapas del Instituto Geográfico Nacional (IGN) de la época también había quedado reflejada la construcción de, en su momento, la nueva variante. En el mapa a escala 1:50000 del año 1947, hoja 0693, salen unos 4,5 km de la variante en construcción (líneas punteadas) desde Villargordo del Cabriel:


Pero ¿queda hoy algo de esta inconclusa variante? No mucho, pero como ya se ha dicho anteriormente, esta variante se empezó a construir, las obras de movimiento de tierra para construir la plataforma de la calzada ya habían comenzado; por ello, hoy en día esta huella todavía es visible en el terreno.

Para verlo, podemos dividir la inacabada variante en tres partes.


La primera de ellas se representa de color verde claro, y casi toda la obra realizada hasta el momento fue aprovechada para la construcción de la variante del año 1969. De lo que no se aprovechó, apenas queda alguna «cicatriz» en el terreno, ya prácticamente disimulada en el entorno por la acción de los elementos y el paso del tiempo. Gracias a las imágenes aéreas antiguas proporcionadas por la Fototeca Digital del Centro Nacional de Información Geográfica, podemos ver cómo se comenzó a construir y la evolución de la zona desde los años 40.

En estos años, la variante se comenzaba a construir.

Aquí, la obra ya habría sido paralizada, quedando la «cicatriz» en el terreno.

Para la variante de 1969, se aprovecha casi toda la obra existente, y solo queda un diminuto resto que marcamos con un círculo rojo.

¿Quién diría hoy que aquí quedó el único resto de las obras de la variante al oeste del Cabriel?

La segunda parte, en verde oscuro, comprende el paso del río Cabriel por los terrenos ahora inundados por el embalse. Ateniéndonos a las imágenes aéreas de los vuelos americanos de los años 40 y 50 proporcionadas por la Fototeca, se puede decir que su ejecución nunca llegó a comenzar. El trazado que se ha enseñado en imágenes anteriores es una estimación basada en el plano que figura en el artículo de la Revista de Obras Públicas mostrado anteriormente.

No hay indicios de movimientos de tierra entre las dos partes de la variante que sí habían comenzado a ejecutarse. Tampoco se aprecian indicios en las imágenes de los años 50.

La tercera y última parte (la que se ha podido ver en el mapa del IGN anterior) está representada en un tono medio de verde, y llega hasta la misma población de Villargordo del Cabriel. Es la única parte de la variante cuyos restos se conservan actualmente, y no pasa de ser un pequeño camino de tierra usado para el acceso a fincas de la zona, pista forestal y una parte del sendero de pequeño recorrido PR-CV 174 (perteneciente a la red de senderos de España).

En estas fechas, la variante se comenzaba a construir.

Y aquí, la obra ya habría sido paralizada, quedando únicamente un camino de servicio.

Cuando se termina la variante de 1969, la antigua obra no sufre ninguna modificación ni es aprovechada; permanece tal cual.

Este es el aspecto del camino hoy en día, actual sendero de pequeño recorrido PR-CV 174:


De todo el camino, solo un pequeño fragmento está asfaltado, el que forma parte de la actual carretera municipal CV-4760 (de Villargordo al embalse de Contreras):


Debido a la construcción de unas edificaciones al este de la población, el camino recto ha quedado interrumpido:


Y la parte en la que se uniría con la entonces N-III, primero atravesándola para unirse después a ella mediante una suave curva. También se ha reconvertido en un camino de tierra para acceso a fincas.


El aspecto del camino, a ras de suelo:




Por último, una aclaración a una pregunta que el lector de este artículo, si es observador, puede haberse hecho. La pregunta, que a nosotros también se nos ocurrió en su día, tiene que ver con la tercera parte de la variante, y sería: ¿acaso el fragmento señalado con un círculo en esta imagen no habría formado parte de la obra de la variante?


Bien podría parecer que el camino que discurre por el Barranco de la Vid (rodeado de color verde claro) hasta el mismo embalse, hoy asfaltado, formaba parte de la variante. Nuestra respuesta a la pregunta es: creemos que no, pues ni en los mapas se refleja, ni en las imágenes de los vuelos americanos parece que el camino sea una continuación de la obra (de hecho, parece que estuviera allí de antes —no localizamos imágenes aéreas más antiguas de la zona—), y nos parece demasiado revirado comparado con las otras partes de la variante mostradas como para que fuera parte de esta. No obstante, repetimos: CREEMOS que no formó parte.

Desde luego, se agradecerá cualquier información adicional o corrección con respecto a la inacabada variante.

viernes, 18 de octubre de 2013

LA CARRETERA MADRID-VALENCIA EN EL ARCHIVO FOTOGRÁFICO DE LA FUNDACIÓN TELEFÓNICA



De maravilloso me atrevería a calificar el reciente descubrimiento propio de los fondos o archivos fotográficos de la Fundación Telefónica de España. Andaba buscando imágenes antiguas de las carreteras españolas en la red, cuando lo encontré providencialmente. Ignoro el tiempo que lleva disponible en internet, lo que me interesa es que lo he encontrado y he conseguido deleitarme por fin con todas aquellas imágenes añejas de la carretera que siempre quise ver y que casi nunca pude localizar. Y en este caso, además, por miles y tomadas en casi todas las carreteras del país y en la mayoría de sus ciudades y pueblos más importantes. Quizá exageradamente podría decir que este hallazgo ha sido comparable al invento de una máquina del tiempo que me hubiese permitido viajar al pasado, pongamos un siglo hacia atrás.

Tratándose como se trata de un archivo de la que fue CTNE (Compañía Telefónica Nacional de España), en su origen y durante muchos años uno de los monopolios estatales más importantes y antiguos del país, el fondo fotográfico está obviamente dedicado a la telefonía y a todos sus muchos elementos auxiliares relacionados. Pero por suerte para  los que somos aficionados a las carreteras y a su historia, los hilos y postes del tendido telefónico han sido desde sus comienzos compañeros paralelos de aquéllas y parte esencial de su paisaje. Y esto significa, ni más ni menos, que viendo las fotografías que ilustran la progresiva implantación de las líneas telefónicas en España desde principios del siglo XX, vamos a poder deleitarnos también en la contemplación de sus carreteras tal y como fueron antes de que el Circuito Nacional de Firmes Especiales (CNFE) acometiese importantes mejoras en las mismas. Pero no sólo vamos a ver carreteras, sino también casillas de peones camineros, puentes, vehículos automóviles y de tracción animal y hasta vetustas señales de tráfico en una época en la que ni siquiera existía todavía el Código de la Circulación ni normativa alguna que regulase el tránsito por aquellas vías que más tenían de caminos pedestres que de verdaderas carreteras tal y como las entendemos hoy en día. Y sin embargo comunicaban de modo terrestre pueblos y ciudades entre sí a lo largo de toda la geografía nacional, al tiempo que postes y cables del teléfono lo hacían de modo aéreo junto a las cunetas o a través de los campos.

Y para que nuestra satisfacción fuese completa, después de navegar a través de miles de fotografías durante horas, hemos encontrado justamente las que más nos interesaban: las de la carretera de Madrid a Valencia, muchos años antes de que se denominase N-III y su calzada dispusiera de otro firme distinto al de la tierra y las piedras. En ésta y en la mayoría de las otras carreteras del país, por principales que fuesen, hizo acto de presencia antes el tendido telefónico que el asfalto o los adoquines. Y como consecuencia de ello se produce un brutal contraste entre la modernidad que representa la instalación telefónica y la obsolescencia de unas carreteras decimonónicas y completamente solitarias en las que apenas si circulaban algunos carruajes y caballerías en incipiente competencia con los primeros vehículos a motor. Ambientalmente, por otra parte, todas esas mortecinas fotografías en blanco y negro reflejan con exacta fidelidad la realidad de una nación pobre, atrasada, desolada y dura, en donde muchos de sus paisajes adquieren una dimensión casi fantasmagórica y truculenta pero, al mismo tiempo, aplicando nuestra mirada contemporánea un siglo después, entrañable y evocadora. (Hemos retocado ligeramente todas las imágenes para mejorar el brillo y la calidad visual pero no por ello han perdido su ambientación original ni la capacidad de transmitir interesantes emociones y despertar muy oportuna curiosidad).  


En la primera fotografía que abre este reportaje podemos ver la inconfundible estampa del puente sobre el Cabriel en Contreras, obra de Lucio del Valle finalizada en 1851. La línea telefónica Madrid-Valencia se abría paso a través de este abrupto territorio unas veces junto a la carretera y otras, cuando esto no era posible, campo a través. Sobre estas líneas podemos observar también en Contreras a un operario de Telefónica trabajando en lo alto de uno de los postes del tendido aparentemente sin disponer de ningún elemento de seguridad. En las tres imágenes que siguen se aprecia el revirado trazado de la carretera en la zona. Habíamos visto fotografías similares, incluso algo más antiguas, pero estas son inéditas:








Y a continuación podemos asistir a los trabajos de colocación de un poste en Contreras a cargo de una cuadrilla de operarios, momentáneamente inmóviles para el posado fotográfico. Se desconoce la fecha exacta de las imágenes, pero podemos datarlas entre la década de los diez y los primeros años veinte del siglo pasado.



Hubiera resultado ciertamente decepcionante no haber podido encontrar fotografías de casillas de peones camineros en este archivo, pero para nuestra satisfacción hemos localizado dos de la carretera Madrid-Valencia, por el momento. La primera debía de encontrarse en las proximidades de Villargordo del Cabriel, mientras que la segunda se hallaba en el km. 54 y a 8 kms. de Fuentidueña (y a 294 de Valencia), según puede leerse con mucha dificultad ampliando la imagen. Los omnipresentes postes de madera y los hilos telefónicos que surcan el cielo le otorgan un aspecto fascinante a estas instantáneas. Por descontado que no queda huella alguna de tales casillas.






A continuación el Puente de Fuentidueña sobre el Tajo. Prestó servicio en la carretera Madrid-Valencia hasta la década de los años cincuenta del pasado siglo.




Retrocedemos hasta el kilómetro 18, en la época término de Vaciamadrid a secas (sin Rivas):




Montaje de postes en un punto no determinado de la carretera, entonces denominada de Madrid a Castellón por Valencia. Muy pintoresco el camión auxiliar, no lleva neumáticos, sólo llantas metálicas o de madera. Al fondo se ven dos grandes edificios o construcciones. ¿Alguno de ellos podría ser el Castillo de Garcimuñoz o el Monasterio de Uclés?  Se admiten opiniones, por supuesto.





Hilera de postes en el km. 83, proximidades de Tarancón. A la derecha podemos ver parcialmente lo que parece otra casilla de peones camineros. ¿Ese estrecho camino de tierra sería el trazado de la carretera o bien la carretera discurre al otro lado de la casilla? No lo sabemos, pero cualquier cosa nos parece perfectamente posible en aquellos años, por increíble que nos pueda antojar ahora.




En la siguiente fotografía, el km. 226. Esa larga recta de tierra hollada por ruedas de carro lleva hasta Minglanilla. Estremece el mero hecho de imaginarse un viaje de Madrid a Valencia por semejantes andurriales, pero esto es lo que había, y dicho viaje se hacía de todos modos aunque los viajeros y las caballerías se dejasen la salud en este empeño.



Volvemos a Contreras, km. 242. A la izquierda se aprecia el muro de contención de la carretera. La línea telefónica se abre paso ahora campo a través:




El kilómetro 261, cerca de Caudete de las Fuentes. Una hilera de árboles flanquea la carretera en compañía de los postes del teléfono. El automóvil está detenido, sin chófer, y completamente lleno de barro y de polvo. Tiene matrícula de Madrid, parece que M-23.681. Si así fuera, se trataría de un Chrysler matriculado en el mes de julio de 1927.


Kilómetro 332, cerca de Cheste. Aquí la carretera por lo menos ha ganado considerablemente en anchura, pero no circula ni un alma, pese a la proximidad de la ciudad de Valencia.





Requena y su plaza de toros, kilómetro 282. Ese tramo de carretera todavía se conserva con idéntico trazado, aunque con el firme de adoquines, seguramente de la época del CNFE.




Kilómetro 290, entre Requena y Buñol. El encintado de la carretera sólo se encuentra en el lado izquierdo de la misma. Probablemente lo desmontaron en el lado derecho para la instalación de los postes telefónicos, pero sólo es una hipótesis.





Y para finalizar este interesante recorrido por el pasado de la carretera de Madrid a Castellón por Valencia, nos vamos a Villargordo del Cabriel. También se conserva asfaltado ese tramo en la actualidad y llegó a formar parte de la N-III antes de la inauguración de la variante de Contreras en 1969.






Es posible continuar tan ameno viaje por la historia de las carreteras españolas, sus vehículos, sus paisajes, sus pueblos y sus ciudades a través del ARCHIVO FOTOGRÁFICO DE LA FUNDACIÓN TELEFÓNICA. Un viaje que recomendamos sin ningún género de duda a todos nuestros lectores.

sábado, 30 de marzo de 2013

DOMINGO EN LA CARRETERA. Antigua N-III. (3ª parte). De Villargordo del Cabriel a Caudete de las Fuentes.


(Publicado originalmente el 1 de Junio de 2012 en el blog EN LA CARRETERA)




Un tramo de apenas 20 kms., pero sumamente interesante para recrear y recordar cómo fue la antigua N-III hasta tiempos relativamente recientes. Salvado el obstáculo orográfico de Contreras y el llamado Puerto de las Cabrillas, verdaderos retos técnicos para los ingenieros de caminos de todas las épocas a la hora de establecer una vía de comunicación más eficiente entre la Meseta y Levante, entramos en la provincia de Valencia.




El kilómetro 237, en la célebre subida hasta Villargordo después de atravesar el último túnel de Contreras. Junto a la moderna placa aún se conserva el antiguo mojón kilométrico. No es el único, pues en la zona todavía sobreviven milagrosamente varios de ellos.







Superado el abrupto Puerto de Contreras, nos adentramos ya en las primeras planicies de la Comunidad Valenciana. Sin embargo, aunque esta cuestión no es demasiado conocida, es necesario destacar que la comarca que vamos a recorrer ahora perteneció a Cuenca, y por lo tanto a la denominada Castilla la Nueva, hasta el año 1833, cuando se estableció la actual organización provincial inspirada en los patrones territoriales franceses del siglo XIX, si bien el concepto de provincia proviene de la época romana. Esto quiere decir que localidades tan consolidadamente valencianas en la actualidad como Utiel, Requena y otras, no formaron parte nunca del antiguo Reino de Valencia, sino que fueron estrictamente castellanas hasta hace 179 años, un espacio de tiempo que puede parecernos largo y significativo, pero que a los efectos históricos, sociológicos y de genealogía de la población resulta en realidad muy breve. Y ello explica, por ejemplo, que a raíz de implantarse el modelo territorial autonómico español a partir de 1975 (aún conservándose a todos los efectos administrativos la tradicional demarcación provincial), algunos de estos municipios valencianos por los que transitaba la antigua N-III y que habían pertenecido a la provincia de Cuenca, se aferrasen a sus primitivas señas de identidad tratando de atribuirse pintorescas denominaciones más o menos consentidas o admitidas oficialmente, como aquella de comarca de la Valencia castellana, pero incluso llegando a ofrecer cierta resistencia popular ante la moderada colonización lingüística de la Generalitat y su propósito de que estos pueblos históricamente castellanoparlantes aceptasen de buen grado su inmersión en la lengua valenciana.

Y si estamos hablando aquí de este tema, tan curioso como interesante y desconocido para los foráneos de la región, es por la única razón de que la propia carretera N-III reflejó esta realidad hasta bien entrados los años 80 del pasado siglo, de tal suerte que cruzando pueblos como San Antonio de Requena o Caudete de las Fuentes, por ejemplo, era frecuente ver pintadas en las fachadas de las casas en las que se leía ¡No al valenciano!, e incluso, en términos más formales, rótulos que hacían mención al ya citado concepto de comarca de la Valencia castellana, como era el caso de algunas cajas de ahorros o cooperativas locales que lo empleaban en sus denominaciones.

Treinta años después, tanto las pintadas como el concepto de una Valencia castellana han desaparecido, al menos de las calles, y es dudoso que la lengua valenciana se haya impuesto entre la población, ni siquiera en los más jóvenes, pero realmente el asunto parece haber perdido actualidad e interés. Ahora el interés, que no la actualidad, está en la propia carretera general de Madrid a Valencia y en la ruina y el abandono que va dejando alrededor del viejo trazado con su desaparición.




El desvío a Villargordo del Cabriel. Naturalmente, la primitiva N-III transitaba enteramente por su casco urbano, que recorrimos en Septiembre de 2011 de forma un tanto accidentada, pues la travesía no tiene continuidad en sentido Valencia, y por error y despiste terminamos por meternos en dirección prohibida. Volveremos a visitar y grabar esta travesía en breve. De aquí a Caudete de las Fuentes vamos a encontrar notables vestigios de la antigua ruta que se resisten a desaparecer, por ahora.



La estación de servicio del Cabriel y el restaurante adyacente, ambos cerrados quizá desde no hace muchos años. La soledad y el abandono del sitio resultan impresionantes. Eran las primeras horas de la tarde de un domingo desapacible y ventoso y el aire ululaba entre los surtidores de la gasolinera recreando esas escenas siniestras de la desolación que tanto hemos visto en las road movies americanas ambientadas en la clásica Route 66 u otras carreteras similares cuya existencia parece haber quedado detenida en el tiempo. 




Como no podía ser de otro modo, muchos de los elementos del entorno de la antigua carretera, como los anuncios añejos y las señales de tráfico arcaicas, están en consonancia con la decadencia del lugar y forman parte imprescindible de su fascinante encanto. Un escenario insólito que nos devuelve a los años 70 y 80 del pasado siglo, por lo menos.







Esto es todo lo que queda de la gasolinera gemela situada justo enfrente de la anterior, en sentido Valencia. La vegetación va poco a poco conquistando este territorio, del que se ha enseñoreado ahora el toro de Osborne, otro superviviente a la extinción sistemática de aquella España de carreteras generales de dos carriles por las que tanto llegamos a viajar cuando éramos más jóvenes. Tanto como lo fuimos hacia 1996, cuando está tomada esta fotografía, precisamente junto a la gasolinera desaparecida, pero entonces todavía en servicio.



Otra clásica, aunque no tanto como la antigua N-III. Mi viajada Honda Varadero XLV-1000 del 99, con más de 100.000 kms. a cuestas, está siendo una herramienta imprescindible en todos los trabajos que estamos realizando para el documental. Nació demasiado tarde como para haber podido viajar por esta carretera cuando aún era la auténtica carretera que aquí estamos glosando, no al menos por los tramos que estamos recorriendo hoy, pero su oportunidad de retroceder al pasado por el túnel del tiempo y transitar por la vieja radial de Madrid a Valencia no la ha desaprovechado en absoluto. Y en Septiembre, si no antes, está previsto que volvamos a pasar por aquí para dar los últimos retoques a este apasionante proyecto.









Nos ponemos en marcha de nuevo en dirección a Caudete de las Fuentes, otro pueblo emblemático de la N-III. Estas largas rectas eran una delicia para los amantes de la velocidad en los buenos tiempos, cuando no proliferaban los radares ni la tiranía del carnet de conducir por puntos. Nosotros mismos llegamos a correr a placer por esta zona con nuestras motos de entonces, aunque los espacios no aparecían tan abiertos y despejados como se aprecia en estos fotogramas, sino todo lo contrario, el tránsito de vehículos era muy elevado, sobre todo camiones y autobuses, y con frecuencia la tarea de adelantar y seguir abriéndose camino consumía demasiado tiempo y demasiadas energías. Era peligroso y expuesto conducir por aquí, pero al menos había que conducir. Ahora, con las seguras y modernas autopistas y autovías y los anacrónicos límites de velocidad ya no se conduce, y casi nadie sabe conducir a la vieja usanza, y se ha perdido para siempre el maravilloso encanto de aquellos intrépidos viajes en los que había que ir jugando con las marchas, calculando distancias, aceleraciones y potencia en los motores para no acabar empotrado bajo un camión que venía de frente. Era todo mucho más difícil y arriesgado, sí, pero también más emocionante y genuino, y uno liberaba altas dosis de adrenalina y se sentía invadido a veces por intensas y agradables sensaciones muy difíciles de describir pero que terminaban por volverle verdaderamente adicto a esta carretera, porque esta carretera enganchaba tanto como la más excitante de las drogas. Veinte o treinta años después, recorriendo de nuevo la ya extinta N-III con demorada lentitud y paciencia en busca de sus vestigios del pasado (como ese otro mojón mudo que aparece en la tercera imágen), en un largo viaje rememorativo por los vericuetos de la nostalgia, los placeres son de otra naturaleza, pero no menos encantadores y adictivos.




El primero de los dos tramos abandonados que tenía previsto visitar, y que visité. En comparación con otros tramos semejantes que hemos visitado en las provincias de Cuenca y de Madrid, este era de muy fácil acceso: un camino asfaltado llevaba hasta él desde la carretera.






Y por supuesto, siguiendo mi costumbre tradicional, lo grabé íntegro en los dos sentidos. Todavía no está excesivamente degradado y los avances de la vegetación son muy lentos. Inquietante y misterioso, en cambio, se antoja ese montón de arena apelmazada, seguramente un residuo de las obras de construcción del nuevo tramo paralelo. Resulta curioso comprobar como la N-III, a lo largo de decenas de años, ha ido variando su trazado y dejando huellas del trazado antiguo por doquier a través de todo su territorio. Una de nuestras tareas accesorias -y a menudo más complicadas- para el documental es precisamente esta, la de sacar a la luz esos restos de asfalto todavía visibles del pasado de la carretera.









El segundo tramo abandonado, a pocos kilómetros del anterior, y ya cerca de Caudete de las Fuentes. A diferencia del primero, su acceso se realiza desde la propia carretera en su extremo sur. Lo habitual en estos casos es que hubiera sido cegado, como en su extremo norte, por un guardarraíl. Sin embargo su salida es completamente diáfana y está regulada por la señalización de stop tanto vertical como horizontal.







Travesía de Caudete de las Fuentes, o Caudete, para abreviar, según el cartel indicativo a la entrada del pueblo. Siempre me ha parecido uno de los municipios del trazado de la N-III más pulcros y adecentados, y esta sensación se ha acrecentado ahora que el tránsito es inexistente y la carretera ha quedado convertida en una especie de tranquila avenida rural jalonada de rotondas. Sin embargo, un episodio del pasado empaña el recuerdo que tengo de él. Hacia 1994 ó 1995 pudimos sufrir un accidente de moto cuando un tractor estacionado en una acera a la salida del pueblo decidió incorporarse de improviso a la carretera obligándonos a frenar brusca y precipitadamente, hasta el punto de que estuvimos a punto de no conseguirlo y estrellarnos con una furgoneta que nos precedía y que, a su vez, también se vio obligada a frenar con brusquedad. Claro que, para ser estrictamente honesto, he de reconocer ahora que tampoco circulábamos a la velocidad legal, que en aquel entonces estaba estipulada en 60 km/h. para las travesías urbanas, y nosotros (dos motos y tres personas) probablemente lo hacíamos a 90 ó 100, sin que tal infracción sirva de eximente, por supuesto, para la imprudencia del tractorista. (Leer esta historia).  Pero esto ya son sólo recuerdos, anécdotas, batallas de la carretera afortunadamente ganadas en buena lid, y el viaje debe continuar. Próximos destinos: Utiel, San Antonio, Requena.