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jueves, 23 de junio de 2016

VISITAMOS UN TERRITORIO INHÓSPITO


  
Hito a escala 1:10. Junio 2016


 (Publicado originalmente en el blog EN LA CARRETERA el 2 de abril de 2012)
Un reportaje de Route1963

A medida que vamos avanzando en las tareas de recopilación de material gráfico para el documental sobre la antigua N-III, vamos teniendo la sensación creciente de que a cada cosa descubierta le siguen aún más cosas nuevas por descubrir. Y el problema es que las vamos descubriendo, casi siempre después de un estudio minucioso de la cartografía existente de los siglos XIX y XX y de los recursos interactivos y digitales del XXI disponibles en la red, Google Earth, por ejemplo, la mejor herramienta posible para hacer este trabajo de descubrimiento y localización geográficos. Y digo problema, porque con cada nuevo descubrimiento hecho sobre el mapa o revelado por voluntariosos colaboradores desconocidos a través de internet, nos vemos obligados a salir a la carretera a visitar los lugares descubiertos y a dejar constancia visual de ellos a través del video y de las fotografías. Esto tiene la ventaja de que aporta diversidad y exhaustividad al proyecto, y el inconveniente de que lo dispersa y demora su finalización. Pero no sólo eso. También puede suceder que alguno de esos lugares sea de difícil o de casi imposible acceso, lo que los convierte en territorios peligrosos e inhóspitos. A la hora de contar la historia de lo que fue y de lo que existe todavía de la primitiva nacional III, probablemente no sería estrictamente necesario adentrarse en esos terrenos complicados para cumplir con los objetivos informativos y divulgativos del documental, ya sobradamente representados con otros lugares más conocidos, accesibles y en algunos casos aún transitables y transitados. Sin embargo, la intención de reflejar estos lugares o parajes a veces tan insólitos como exóticos viene a formar parte importante de la razón de ser de este proyecto desde un punto de vista estético y sentimental, si se le puede denominar así. Y es que una antigua carretera en decadencia o en franco desuso termina por convertirse en algo más, en mucho más, que en una simple carretera vieja condenada al olvido. Termina por convertirse, nada más y nada menos, en un símbolo vivo y representativo de los diversos matices del pasado reciente de un país, es decir, de su historia contemporánea. Siempre y cuando haya alguien dispuesto a constatarlo, por supuesto. Y es eso precisamente lo que estamos tratando de hacer nosotros.

      
      El pasado 29 de marzo visitamos por fin uno de esos tramos abandonados de la N-III a los que yo tenía echado el ojo desde hacía tiempo (anteriormente hemos visitado otros de los que ya hemos dejado sobrada constancia). No daré su ubicación ni referencia alguna explícita sobre el mismo, para evitar la tentación de que mucha gente pueda acercarse hasta él y alterar un entorno natural e histórico que debe conservarse como hasta ahora y seguir su proceso natural de degradación sin interferencias humanas. Además, su acceso es algo complicado y peligroso, con lo cual evitamos de paso que alguien se arriesgue innecesariamente. Aquellos curiosos y muy interesados que deseen encontrarlo sabrán como hacerlo después de leer y ver las fotografías de este reportaje. Este es un trabajo pionero que tenemos que llevar a cabo sólo los buscadores de carreteras abandonadas. Unicamente diré que el tramo en cuestión tiene unos 700 metros de longitud, y aunque nace y muere en ella, apenas es visible desde la autovía.


     Para la ocasión, conté esta vez con la compañía de mi amigo Gustavo, que no había participado aún en este proyecto, y su colaboración fue fundamental y decisiva cuando las cosas se pusieron complicadas. Con un calor abrasador y excesivo para los primeros días de la primavera, nos pusimos en marcha a bordo de nuestras motos, que tal y como yo me temía, no eran las máquinas más idóneas para transitar por los caminos y trochas agrestes que llevaban hasta el tramo abandonado. Mis peores presagios, además, se cumplieron, y mientras recorríamos un camino alternativo de regreso con la esperanza de que fuese más transitable que el de la ida, sufrí una leve caída con la moto, afortunadamente sin consecuencias. Tuvimos que dar la vuelta y retomar el camino original con grandes dificultades a través de un terreno escarpado lleno de roderas, arena y rocas sueltas, lo que nos llevó mucho tiempo y no pocos sudores. Pero nuestros esfuerzos y los riesgos afrontados merecieron sobradamente la pena una vez conseguido el material que necesitábamos.





Origen y final del tramo abandonado


Una de las curvas cerradas del antiguo trazado




Gustavo, un excelente compañero de fatigas recién incorporado al proyecto




Trabajando en la carretera bajo un sol abrasador











Para que no faltase de nada el tramo tenía su propio hito kilométrico






     Dos viejos neumáticos de camión abandonados en las cunetas desde tiempos lejanos. Gustavo estuvo mirando en las gomas cuarteadas algún indicio del año de fabricación, pero no encontró ninguna pista.

Amplios arcenes invadidos de árboles y maleza.








La soledad y desolación del lugar resultan impresionantes.


Sólo la presencia de la autovía nos recuerda la cercanía de la civilización.


Como siempre, las motos son los vehículos más adecuados para recorrer carreteras abandonadas.



     ¿Cuántos años lleva abandonado este tramo? ¿Cuándo fue construido? Son preguntas para las que, desgraciadamente, no tenemos respuestas precisas. De las pocas investigaciones que he podido realizar al respecto, sólo he sacado la conclusión de que la antigua N-III transitaba por aquí por lo menos hasta el año 1975. Es probable que dejase de hacerlo entre finales de los años 70 y mediados de los 80, cuando sería desdoblado el viejo tramo en un nuevo tramo que ahora forma parte de uno de los carriles de la autovía o bien permanece sepultado bajo la misma. La zona es árida y seca y la vegetación ha crecido sobre el asfalto con menor intensidad que en otros tramos abandonados similares que hemos visitado en la zona. No quedan señales de tráfico, ni carteles, ni guardarraíles que pudieran aportar alguna referencia concreta acerca del tiempo que lleva abandonado, y el mojón kilométrico tampoco añade información alguna, pero podríamos arriesgarnos a estimarlo entre 25 y 35 años, aproximadamente. 


     Hay piedras sueltas arrastradas al asfalto desde el camino que accede al tramo en su extremo sur, lo que sugiere que excursionistas y curiosos se acercan por aquí con alguna regularidad. Sin embargo, salvo los neumáticos citados, restos de cables telefónicos o de alta tensión y algunos botes y latas muy antiguos completamente oxidados, no encontramos restos de basura reciente. 
     En cualquier caso, este paraje, condenado al olvido para siempre, representa ahora una certera evocación del pasado y un vestigio todavía palpable de las antiguas carreteras radiales españolas en general y de la N-III en particular. Sabemos de la existencia de otros tramos abandonados en esta carretera y oportunamente nos acercaremos a visitarlos.



viernes, 1 de mayo de 2015

EL HITO DEL KM.297 EN EL ANTIGUO PUERTO DE BUÑOL





Un interesante tramo de la N-III en desuso que redescubrí en solitario el pasado 27 de Abril de 2015 y por el que ya había transitado en compañía, aunque sin detenernos ni prestarle la debida atención, en Septiembre de 2013 como parte improvisada y accidental del recorrido de la I RUTA N-III HISTÓRICA realizada en moto.  Se trata del comienzo del célebre puerto de Buñol en sentido Valencia, a la altura de Siete Aguas, y que presenta unas singulares características que evidencian múltiples transformaciones en el trazado de la primitiva N-III en este punto a lo largo de los últimos años hasta culminar con la construcción de la autovía, lo que supuso su abandono definitivo pero no la interrupción completa de su recorrido parcial, que adopta ahora una extraña, inquietante y caprichosa continuidad no siempre transitable para todo tipo de vehículos.




Sirvan estas observaciones sólo como un adelanto de nuestros trabajos venideros, porque  en esta nueva entrega del blog no nos vamos a ocupar del tramo en sí, sino sólo del hito del km. 297 que todavía se conserva en muy buen estado al comienzo del mismo. En posteriores entregas nos dedicaremos con todo detalle a recorrer dicho tramo, que ilustraremos convenientemente con los videos que hemos grabado al efecto y con algunas oportunas capturas de Google Maps.





Este hito del km. 297 de la N-III recién descubierto (a la espera de encontrar algunos más, si existieran) viene a incrementar nuestra recopilación de hitos del Plan Peña supervivientes en el antiguo puerto de Buñol, de los que tenemos al menos documentados en nuestra 8ª y última edición el 300, 303 y 310, a falta de una próxima actualización de los datos disponibles. Y como puede observarse en las imágenes adjuntas, el 297 pervive todavía solitario, majestuoso e imponente en tierra de nadie, a mitad de camino entre la autovía y la primitiva N-III en este tramo accesible pero carente de tránsito, lo que nos permite augurarle todavía larga vida quizá exenta de vandalismos y destrucciones indeseables. La pintura y el trazo de los caracteres se ha ido degradando a semejanza de los demás vecinos que aún sobreviven, y sólo conserva legible el punto kilométrico en una de sus caras con la tipografía típica de la zona, que además parece haber sido rectificado en alguna ocasión como consecuencia de las innumerables variaciones históricas del trazado de la carretera. Pero en cualquier caso se trata de un hallazgo inesperado y grato del que, personalmente, me siento muy satisfecho, ya que supone un nuevo acicate para continuar con mi búsqueda de vestigios pasados de la N-III, la mayoría de las veces, como en esta, en solitario y en difíciles circunstancias, lo que otorga a mis exploraciones el valor añadido de la voluntad, la perseverancia y el esfuerzo recompensados por el éxito.






viernes, 28 de febrero de 2014

PRIMER SUBTRAMO ABANDONADO EN EL PRIMITIVO PUERTO DE CONTRERAS.



A buen seguro que el vocablo subtramo no es el más adecuado ni ortodoxo para denominar este vestigio de la antigua N-III en el inicio del primitivo Puerto de Contreras, desde Minglanilla hasta el límite con la provincia de Valencia, pero la citada denominación no es nuestra, sino de reputados ingenieros de caminos y profesores universitarios que han estudiado en profundidad esta carretera desde una perspectiva casi arqueológica, e incluso han escrito algún libro muy interesante resumiendo todas sus conclusiones con el loable propósito de proponer su rehabilitación como carretera histórico-turística para preservar de este modo el interesante patrimonio viario que aún se conserva en ella, si bien en un estado cada vez más preocupante de ruina, abandono y olvido.

En cualquier caso, carentes de la intención de extendernos en estas consideraciones, lo cierto es que este tramo (o subtramo) que parte del segundo trazado de la N-III (el primero es la carretera decimonónica y el tercero la autovía A-3) a pocos kilómetros de Minglanilla, está efectivamente cortado abruptamente en el talud resultante de la construcción de la propia autovía, y tiene continuidad al otro lado de ella en el segundo subtramo, mucho más corto, que desemboca en el tramo principal y continuo del trazado decimonónico del Puerto de Contreras que lleva sin interrupción hasta la Presa, el poblado obrero, la fábrica de cemento en ruinas y la localidad de Villargordo del Cabriel, todo ello ya en la provincia de Valencia.

El primer subtramo, que es el que va a merecer brevemente nuestra atención en esta entrada, tiene una longitud aproximada de 1.500 metros y su estado de conservación es muy deficiente, no en vano lleva fuera de servicio desde finales de 1969, cuando se inauguró el segundo trazado de la N-III, que dejó igualmente en desuso el segundo subtramo y parcialmente el resto del trazado del Puerto de Contreras construido por el ingeniero Lucio del Valle en 1850.



Bien podríamos decir que en la actualidad este primer subtramo se asemejaría más a una pista forestal que a un vestigio histórico de una antigua carretera radial de primer orden, de no ser porque conserva todavía algunos de los elementos originales de ésta, como pueden ser los postes de contención de hormigón (y en muchos de ellos con su malla metálica reglamentaria según la normativa del Plan Peña de 1939), o los pretiles de piedra característicos del siglo XIX, que no fueron modificados en absoluto durante el XX. Por lo demás, el asfalto se encuentra considerablemente degradado e invadido por la vegetación, hasta el punto de que en bastantes puntos del trazado la calzada ha visto reducida su anchura por lo menos a la mitad de la que tuvo cuando estaba abierta al tráfico, hace 44 años.

Pero estamos hablando de memoria, de cuando la recorrimos en 2011 como parte de los trabajos para el documental, de modo que casi tres años más tarde es probable que la degradación de este subtramo sea aún mayor de la que nosotros conocimos. Nos aventuramos por aquí en moto en las primeras horas de una calurosa tarde de Septiembre invadidos por la estimulante emoción de adentrarnos en un territorio absolutamente indómito y salvaje por el que hacía mucho tiempo que no transitaba nadie en un vehículo, aunque sabíamos que era una falsa ilusión, porque el personal de Google Maps había cartografiado fotográficamente el lugar con anterioridad y, de hecho, nosotros habíamos estudiado esas imágenes con deliberada atención antes de decidirnos a recorrer el tramo con las suficientes garantías. No queríamos sorpresas desagradables, ni una mala experiencia, y mucho menos exponernos a una caída con las motos.

Sin embargo, había una cosa que habían visto los de Google Maps y nosotros no, y viceversa, algo que vimos nosotros y no ellos, llevándonos nosotros la peor parte de la experiencia, o al menos el susto, aunque afortunadamente sin consecuencias. En el recorrido fotografiado por Google Maps, al principio del tramo se veían neumáticos abandonados en una cuneta, que ya no estaban cuando pasamos nosotros. Y casi al final del tramo nos encontramos, en cambio, con una pequeña explotación de apicultura al aire libre, con las cajas de las colmenas dispuestas en la calzada, algo que no reflejaba la cartografía de Google Maps, y que, de haberlo hecho, nos habría disuadido, tal vez, de adentrarnos en la zona. 






Bien es cierto que un cartel advertía de la presencia de estos peligrosos insectos, pero lo hacía apenas diez metros antes de llegar a las colmenas, cuando ya era del todo imposible esquivarlas. Casualmente, y pese a lo caluroso de la jornada, íbamos perfectamente pertrechados con nuestra ropa motorista para épocas más frías del año, esto es, chaquetones de Gore-Tex, pantalones de cuero, guantes, pañuelos de cuello, botas y cascos integrales. Sin casi tiempo para reaccionar, nos cerramos herméticamente las viseras de los cascos, aún sabiendo por experiencia que esto no garantizaba una estanqueidad absoluta de nuestros cuerpos, ya que alguna vez que otra se nos ha introducido un insecto por una manga, el cuello o una pernera de los pantalones, y las picaduras generalmente han sido muy dolorosas.

Sin embargo, en esta ocasión logramos salir indemnes de tan delicada situación. Varias abejas se estrellaron contra las viseras de los cascos, los carenados de las motos e incluso contra el objetivo de la cámara de video, que iba grabando en ese momento, y los pequeños impactos negros quedaron reflejados en la grabación. Y como este primer subtramo no tiene salida, al morir junto al talud de la autovía, como hemos dicho, pues tuvimos que enfrentarnos de nuevo a las abejas en sentido inverso al cabo de un rato, pero sin el factor sorpresa que nos había atemorizado a la ida.

El video resultante de esta incursión en territorio histórico de la antigua N-III, tan inhóspito y abandonado, no ha visto la luz todavía, pues lo reservamos para el documental y no queremos que pierda su condición de inédito, y lo mismo podemos decir de otros tantos videos de esta carretera que no hemos divulgado todavía, o si lo hemos hecho ha sido sólo de manera parcial y a modo de avance ilustrativo de nuestros trabajos.

Pero en cambio, sí que nos estamos dedicando de cuando en cuando a un ligero pasatiempo que consiste en conducir virtualmente un autobús, mediante un simulador de conducción, a través de todos estos tramos históricos de la N-III, abandonados o no. Y hemos elegido un autobús, cuando podríamos haber elegido un automóvil, para resaltar mejor las desproporciones existentes entre unas carreteras de dos carriles (uno por sentido), demasiado estrechas y llenas de curvas con radios muy incómodos, con el considerable tamaño de los autobuses que se veían obligados a circular por ellas en el pasado, un tamaño no excesivamente diferente al de los autobuses contemporáneos. Hemos de reconocer que nuestra pericia al volante de estos vehículos virtuales deja bastante que desear, y más comprometida que sería la situación si los condujesemos realmente, algo ya imposible por la mayoría de los tramos históricos de la primitiva N-III, pero como ejercicio ilustrativo de las dificultades y peligros que ofrecía esta carretera y todas las demás de la antigua red nacional al transporte pesado de mercancías y viajeros, nos parece un ejercicio divertido, curioso e interesante para ser plasmado en sencillos videos de aficionado sin grandes alardes de edición.

Este es el tercero de ellos, y enlazamos al final los dos anteriores, ya reseñados en el blog.